martes, 30 de abril de 2013

'Lapo, no fuerte'



Cada vez que regresa la confianza a este flacuchento cuerpecito de que por fin la sociedad trate con igualdad a todos sus componentes más allá de sus diferencias naturales, me aparece un desagradable episodio (por decir lo menos) como el de hace dos domingos. Y mira que uno se esfuerza por tener esperanza.

Las cosas claras. el embajador de Ecuador en Lima debe agarrar su maletita y con las mismas partir rumbo al norte. Es más, en mi modestísima opinión debe ser expulsado y su Gobierno debería considerar muy seriamente si vale la pena el mandarlo a otro país a representar al irrepresentable de Correa. En resumen, diplomáticamente el compadre se suicidó.

Dicho lo dicho, no trato sino de quitarle el lado político al asunto, en el que está claro que el señor en cuestión tiene una culpa del carajo. Yo no me imagino a José Antonio García Belaúnde, Pérez de Cuéllar, Wagner o a Panchito Tudela revolcándose en un mercado. No me imagino ni a Mocha García Naranjo (bueno, digamos que si a Mocha le ponemos el look de Honda en Street Fighter, sí me la imagino). Es una actitud inaceptable por parte de un diplomático, inaceptable e inentendible.

Pero  la bravuconada del norteño no quita culpa (eufemismo de conchudez, frescura, sinvergüencería) a la parte ‘agraviada’ que hoy pretende victimizarse en cadena nacional en nombre de la dignidad patriótica y todas las mujeres indefensas, pobechitas, que se encuentran ante la ‘fuerza bruta’ de un hombre.

Vamos a ver, la versión de que la cajera le dijo que se cole en la cola (suena bonito) no me la creo. Y si fuera cierto, la señora colada no debió aceptar el pasar por encima de alguien que ya esperaba. Yo  he pasado cuchucientas mil veces por el mismo trance y, obviamente, se me metió Linda Blair al cuerpo. Ni a una mujer ni a un hombre, sencillamente no se debe permitir, salvo que se trate de una persona mayor, discapacitada o madre gestante (y esto es, porque en teoría tienen una caja preferencial).

La reacción inicial del enviado de Quito se justifica por más desatinada que haya sido la frase. Aunque si te pones a pensar, es cierto, por actitudes como la de nuestra colada compatriota este país no avanza. Pero lo que pudo ser una estocada magistral, el señorito lo arruinó con el broche de ‘país de indígenas’. Algo que al parecer no puedes decir en un supermercado de zona residencial. Digo yo, ¿debemos ofendernos si nos dicen indígenas? ¿Es ‘indígena’ un insulto? En vez de hacerse la ofendida, mandaba al embajador a buscar un diccionario y se ganaba el aplauso de Vivanda enterito.

Según la maquillada versión de la doña, ella estaba muy tranquilita pero sorprendida por la actitud del Hulk ecuatoriano que tenía al frente. Cosa que tampoco me creo. Así como creo mucho menos que la indignada retoña vino a ‘defender a su madre’ y le dio un ‘lapo, no fuerte’ a la acompañante. Le tiró una cachetada, así como se lee, así como se entiende. Por lo tanto, tú te colaste, tú empezaste la discusión. Tu hija metió la mano, tú hija inició la agresión.

Acción y reacción. Ningún ser humano en una escena acalorada de por sí logra contenerse al cien por ciento cuando empiezan a llover las manos. Por reflejo buscas defenderte en los segundos que tu cerebro tarda en enviar la orden de contenerte. Aun así, la actitud del revistaso y las ‘patadas’ tampoco se justifica, pese a que tampoco me creo la, en mi opinión, exagerada versión de que se pusieron a jugar a los supercampeones con la hija.

Insisto, el señor Riofrío debería tener ya sus patitas fuera de la frontera. Aquí todos los involucrados tienen la culpa, y él más por su condición. Pero el darle tribuna al par de revoltosas que armaron la tole tole, solo porque ‘son peruanas’, o, lo que es peor, ‘por ser mujeres’ es una ridiculez. Nadie tiene derecho ni justificación para golpear a nadie, sea hombre o mujer. Nadie. Y menos con el argumento vacío de que ‘el hombre tiene más fuerza que la mujer’. Yo conozco decenas que podrían, tranquilamente, sacarle la ñoña a Maicelo.

Cargos representativos de lado, el chongo de Vivanda se trata de un incidente entre personas. No una agresión que muchas se apresurarán en calificar de violencia de género. Ríofrio debe largarse no por haber agredido a una mujer, se debe ir por haber agredido a una persona. Debe largarse no por haber agredido a una peruana, se debe ir por haber agredido a una persona.

Menos nacionalismo demagogo hará que algún día evolucionemos, no como oriundos de un país, sino como ciudadanos del mundo. Y menos feminismo populachero hará que algún día, no muy lejano, mis ojazos tapatíos vean por fin una sociedad donde todos nos respetemos y asumamos nuestras responsabilidades sin justificarnos con lo que tenemos entre las piernas.

He dicho. 

Este post fue redacto un día después de que el incidente se hiciera público. La noche del martes salieron a la luz los videos que no hacen otra cosa que confirmar que la hija de la denunciante fue quien empezó el alboroto y quien golpeó al embajador, que, según las imágenes, reaccionó a revistasos con el único afán de defenderse. Lo que haya sucedido en la calle es imposible de probar, pero viendo la actitud del diplomático y la alteración de las mujeres, dudo mucho en la versión de las patadas.

4 comentarios:

Gary Rivera dijo...

Si este tipejo ha muerto en Perú! Es una vergüenza, pensaba yo que los hinchas de la U y Alianza podrían enviar unas delegaciones para aplaudirle la cara al embajador! La señora y su hija se equivocaron en zamparse la cola.

L.A.V. dijo...

Justo un incidente hoy con una alucinada en el bus, me hizo pensar en el altercado de Vivanda y llegue a la misma conclusión, si bien la agresión no se justifica hay mujeres que escudandose en las contemplaciones que existen hacia ellas abusan.

José María Souza Costa dijo...



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