viernes, 5 de abril de 2013

Como jugar al periodista... y quedar como idiota en el intento






5 de abril. No te cases, ni te embarques, ni del Congreso te apartes. Corre de los tanques, avisa a tu vieja antes, pero la democracia no levantes. Y hablando de levantar, no me pongas delante de mis narices columnitas mamarrachentas dignas de periódico escolar de colegio que fijo tiene la foto de Cipriani en cada clase.

Y es que al abrir mis ojitos a ese ‘seis de la mañana’ en que se ha convertido últimamente mi mediodía, me encontré con los habituales estados facebookianos del gran Carlos León, redactados, como casi siempre, en ese planeta paralelo en el que vive y en el que de segurito todo es más bonito. Punto de referencia habitual para pisar tierra si no te enteras ni un carajo de lo que sucede en este tu país.

Y me encuentro con el ‘editorial’ de más abajito que, mínimo, esperaba me hiciera reír, pero me ha terminado dando una confusión y vergüenza ajena digna de diarrea.



Hoy se cumplen 21 años desde que el entonces presidente de la República, Alberto Fujimori, dio un autogolpe y cerró el Congreso. “Disolver, disolver” fueron las palabras que marcaron el inicio de uno de los periodos que causan mayor polémica y división entre los peruanos.

“’Disolver, disolver’ fueron las palabras que marcaron el inicio…”, se ruega leer dichas líneas en voz alta y con tono shakesperiano digno de juegos florales. Se ruega también ser considerados con los pobres cerebros que redactaron el asunto, porque citar únicamente el ‘disolver’ 21 años después, demuestra que no tienes ni putita idea de lo que pasó y tienes, por tanto, la dichosa palabrita como única referencia por habérsela escuchado hasta el hartazgo a Fernando Armas.

Actualmente este tema cobra especial relevancia debido a la decisión que próximamente deberá tomar Ollanta Humala entre darle el indulto humanitario al ahora preso ex presidente o que éste permanezca recluido en la Diroes hasta el final de su condena; decisión que viene postergando hace ya algunos meses.

Para empezar, queriditos, agarremos un diccionario (o googleen, hijitos, que ya no hay excusa) para comprobar que ‘este’ no es necesario que lleve tilde a menos que sea demasiado confuso. Que sí, que si te da la gana puede, pero si se van a poner a jugar al periodista sería bonito considerarlo. Y para continuar, ¿qué es eso de ‘decisión que viene postergando’? Oye, ¿estás tú loco o comes moco? Vamos a ver, por cuchumilésima vez, que Ollantita no tiene porque manifestarse cuando te da la gana. Que es su problema, que es su tema, que es su cau cau. Y a menos que seas afín a la lógica Kenji, no tiene porque tomar una decisión ni salir a dar ninguna explicación solo porque a ti te da la gana.

La figura del indulto es una prerrogativa o facultad otorgada por la Constitución al presidente de la República para que éste, y sólo éste, decida en determinados casos “eximir” de la pena privativa de libertad a ciertos reos. Cabe precisar que el indulto perdona la pena de cárcel, no el delito. Por lo tanto, si Ollanta Humala llegara a darlo, ello no implicaría, de ninguna manera, la inocencia de Alberto Fujimori.

Y dale con el ‘éste’, y por partida doble. Como supongo que vuestra web va dirigida a kinder y pre-kinder, creo que es de justicia agradecer la explicación de la figura del indulto. Vamos, que a todos los que nos interesa el tema fácil y creíamos que con “figura” se está hablando de algún álbum de Navarrete con la historia de los Fujimori.

El ex presidente solicitó el indulto humanitario, el cual, como su nombre lo indica, se otorga por razones de esa índole; es decir, cuando el solicitante padece de alguna enfermedad o condición que pone en riesgo su salud. Consideramos que negar que esta condición se cumple, tenga o no Fujimori “evidencia actual” de cáncer, no es sólo absurdo sino mezquino, puesto que el acelerado deterioro de su salud es evidente.

Que no. ¿Estos no ven noticias, no? Que el preso no solicitó el indulto. Que lo hizo la familia. Que él solo tenía que estar de acuerdo con su dibujito ese de las trencitas. Que no se enteran. ¿Mezquino, dicen? Que es evidente, dicen. Ay, pobrecito el chinín.

En tal sentido, creemos que su enfermedad simplemente abre la posibilidad de que Humala le haga el “favor” de indultarlo y que lo mejor es que eso ocurra, mas no que por ello tenga derecho a ser beneficiario de la gracia presidencial.

Mira tú, por fin en algo coincidimos. Un “favor”, pues. Sí, un favor, y los favores no están condicionados a cumplirse, por tanto el calificar que ‘lo mejor’ es que le sea otorgado, supone una parcialidad del carajo que se las aguanto porque al final me has cagado poniendo en la cabecera de tu articulito ‘opinión’. Pero las decisiones en torno a los favores no son mejores ni peores, a ver si nos aclaramos. Son y punto.

Sostenemos esto ya que la naturaleza del indulto es compasiva, motivo por el que el presidente no debería priorizar ciertas presiones y odios políticos a la hora de tomar una decisión, justamente por tratarse de un acto de compasión.

Son los radicalismos los que, creemos, dificultan la toma de la decisión. Las presiones políticas y la falta de sentido de la proporción del sector que afirma que Fujimori es un monstruo que debe morir en la cárcel, así como del que afirma que es un santo que no cometió ninguna falta, no contribuyen en nada puesto que una decisión tomada por impulsos pasionales no siempre es la mejor.

¡Radicalismos! ¡Horror! Vamos, que nos metemos a vuestra redacción y te liquido así bien chévere a punta de metralleta porque yo creo, ojo, creo, que hay entre ustedes un terrorista bailando el Harlem Shake. Ah, pero eso sí, dile a tu mamá que no me venga con radicalismos ni odios del pasado de acá a unos años. El chinito no es un monstruo, no, no, no. El chino es un sinvergüenza, que es más bonito que ser monstruo, así que no sé dónde está la ofensa.

Es cierto que cometió errores, siendo el principal de ellos no haber sabido cuándo dejar el poder, sin embargo, sería injusto negar que le debemos el éxito del Estado peruano, ya que, de no haber procedido como lo hizo, lo más probable es que hubiésemos tenido un Estado fallido.

Ah, no. Ahí sí me aguantan el coche. “Le debemos el éxito del Estado”… ¡¡¡¿¿¿le debemos ??!!! No, estos no tienen la lógica Kenji, tienen la lógica Keiko, y a estas alturas, causitas, no sé de verdad qué es peor. O sea, estos son como niñitos norcoreanos que han crecido alejados con roche de la realidad. Todo lo que no tenga ojitos jalados es caca. Tu chino, para que te enteres, cerró el Congreso porque no tenía mayoría y porque ya le estaban oliendo la peste esa por la que hoy está tras las rejas. Que unos meses después el huevas tristes de Abimael se haya dejado chapar (sin ningún mérito gubernamental) y haya empezado el endiosamiento al samurái, es bieeeen distinto.

Tanto otorgar el indulto como no otorgarlo generará, inevitablemente, oposición por tratarse de una decisión puramente política. Sin embargo, es la oportunidad precisa para pasar la página y dejar atrás viejos rencores que ningún bien nos hacen como sociedad.

Tal vez éstos no desaparezcan inmediatamente al liberar a Fujimori pero, definitivamente, que el gobierno permita que el ex presidente muera en la cárcel sólo generará que el odio y la polarización que hoy reina respecto a este tema se radicalice y consolide sin que haya vuelta atrás. La decisión, entonces, es entre la duda y la certeza.

Qué aburrido el discursito, oye. Ya apágate, apágate. (y mira que no voy a decir nada de la tilde en ese ‘sólo’ para no seguir haciéndote roche) Que si la decisión es política, es culpa de la mancha naranja que, hoy han dejado evidencia, defienden desde este paginita de fachos dispuestos a hacer conocido su último caprichito

A mí Alberto Fujimori y su club de fans me la suda. Me importa un pito si se muere en la cárcel como en una clínica. Ni lo odio, ni lo amo. Pero hay cosas que por merita justicia no deben permitirse. Y una de esas es el no ceder al chantaje de un grupo de impresentables que pretenden poner hoy contra las cuerdas a un jefe de Estado exigiéndole, ojo, EXIGIÉNDOLE, que decida la suerte de alguien que está en calidad de condenado no por haber robado una cartera, sino por haber estado al tanto de arrancar vidas inocentes bajo el pretexto de la defensa nacional. Que el no era un monstruo y que él no apuntó el arma. Él era el jefe, y si lo agarraron de huevón, pues hay un costo, porque de él dependía poner en sus cargos a quienes estuvieron detrás de toda la basura. Traduciendo, porque ya veo que su cerebro demora en procesar, que tiene tanta o más culpa que el resto, así que se coma su cárcel calladito. Ok, fueron errores, pero los errores se pagan.

La semana pasada me iba de viaje y en el trayecto, por puro afán de no aburrirme, me topo con un artículo en ‘Cosas’, en el que un grupo de jovencitos bien vestiditos para irse a conectar su compu al Starbucks más cercano, hablaban acerca de su nuevo juguete: una página web.

“Altavoz” decían que se llamaba. “Grupo de estudiantes y profesionales de diversas disciplinas, menos periodistas”. Ah ya, ahora entiendo  Claro, pero, te la paso, no es requisito para ser un buen periodista (sin serlo), ¿no? Aunque con ellos, adjuntándose como ‘gran primicia’ la muerte de Hugo Chávez, y con zafarranchos de articulitos como el desmenuzado más arriba… mira, que me la voy a empezar a pensar.

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