domingo, 5 de agosto de 2012

Por los tragos que nos faltan



Ay, Chavelita. Mira que vivir en tu ley y morir en lo mismo es algo que solo a ti se te permite.
Desde la montaña, desde esos dioses ocultos que solo tú veías y a los que solo tú te atrevías a desafiar.
La Vargas es mucha Vargas. La Vargas era mucha Vargas.

Mira que cuando hace unos días me enteré que estabas grave en el fondo me dije 'pues no me sorprende'.
Ya tu cuerpo pedía a gritos una silla de ruedas y tus ojos unas gafas oscuras. Tu cuerpo harto de vivir, porque tú sí que has vivido, pedía su merecido descanso eterno.

Pero al verte 'en los madriles' encima de un escenario sobre tu silla añorando y maldiciendo con amor a Lorca, me dije 'valiente hija de la gran puta que se resiste a morir. Qué grande, qué inmensa, y qué insoportablemente adorable eres bendita Vargas. Y hay que ver cómo jodes'.

Hoy desperté tarde y pensé en encontrarme con cualquier cosa menos con tu partida. Una amiga, con la que hace mucho hablaba de ti y que se resistía a escuchar tus dulces amarguras me dio la noticia. Se me resbaló una lágrima y me dio cosa porque se supone que ya era algo que tenía que ocurrir. ¿Será que te quería mucho?

La amiga de la que te hablo te escuchó hoy de la nada cuatro canciones, una detrás de otra, y cuando estaba convenciéndose que este, tu muchacho, tenía razón, se te ocurre morirte. Debe ser algo especial, imagino. Contigo nunca se sabe, Vargas, mejor comienzo para conocerte no se me puede ocurrir.

Y me recuerdo a mi mismo chiquitito escuchando a José Alfredo en tu boca sin entender un carajo. Y me recuerdo adolescente entendiendo palabras pero no sentimientos. Y me recuerdo desgarrando tu garganta en una cantina de esas, como diría otro amigo, 'en las que se brinda por todo, menos por alegría'.

No tengo ganas de escibirte nada rebuscado, ni inventarme versos, ni decirte lo fanático que era, porque oye, Chave, acá entre nos sabes que tampoco era para tanto. Bueno, lo sabes en ese mágico lenguaje por el que hablas con lo desconocido. Esa magia por la cual he atravesado kilómetros tantas veces y me he puesto al pie de tu poncho, y nos hemos hemos puesto a 'rajar' del despecho con tono de caricia. Porque físicamente tú y yo nunca nos encontramos, Vargas, pero mira, que ni falta nos hizo.

Te quiero mucho. Te querré siempre. Contigo me he inventado los dolores más grandes y le he dado gracias a Dios que en inventos se queden. Ya nos encontraremos para contarte si los desgraciados tuvieron la osadía de volverse realidad.

Buen viaje, Chavela. ¿Recuerdas nuestra canción favorita?
Tómate esta botellita conmigo, Chavela,
Seguiré esperando el último trago porque, oye, no chingues, este no lo es.





1 comentario:

Pancho dijo...

grande la chavela!! enorme!

que descanse en paz.

saludosos

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