domingo, 31 de julio de 2011

Dígame licenciado


Siempre me llamó la atención la terapia. Eso de tirarte en uno de esos mueblecitos encuerados al lado de un sujeto o sujeta que finge interesarse en tus problemas jugando michi en su libretita, mientras tú con total sinceridad te desnudas mirando al techo.

No sé que tiene la escena, pero me aloca experimentarla. Claro, para eso necesitaba un problema, y después de tanto esfuerzo creo que por fin lo he encontrado: Doctor, mi problema es que nadie quiere escucharme.

Que alguien me explique dónde coño están los amigos ¿No se supone acaso que ellos son los más indicados para ahorrarte las cuatro sesiones (que según mis averiguaciones es lo necesario antes de un diagnóstico) que se van a llevar mi adorado guardadito en mi chancho de Interbank? ¿No que ellos te aconsejan y te escuchan porque te quieren? No, mi amor.

Elevo mi queja, pues. No es justo, pues. Abusivos, pues. Porque conociéndome como me conocen, saben perfectamente que lo que menos soporto es escuchar problemas ajenos, pero aún así he estado ahí, aguantándome como los machos, la larga lista de líos de faldas, problemas de bragueta, frustraciones laborales, dudas existenciales y pajas mentales en las cuales no tenía nadita que ver. Y no les falté. ¿Por qué me faltan ahora a mí?

Pero tranqui, relaja'o. Que yo rencoroso no soy. (Y porque la limpieza de conciencia, después de la sacada en cara, no tiene el mismo peso) Voy a pagar para que me escuchen (¿Habrase visto?) Me voy a terapia, pues. Y es una mujer (me dijeron que era la más basura y yo terco) Vamos a ver qué tal, para que después no se diga que no tuve ni un cachito de intención en encontrar razones a ciertos vaivenes que me tambalean en la vida, papá. De momento, creo que arranco bien poniendo el mejor de mis esfuerzos. Lo pondré. Lo juro por la Constitución del 79.


sábado, 9 de julio de 2011

"Querida, yo no me voy, tú eres la que se queda"


Siempre he sido (a ojos del resto) un chico bastante raro.
Porque no me gusta hacer lo que hace el resto.
Porque no me gusta pensar como piensa el resto.
Porque no me gusta vivir como cree que se vive... el resto.

Y no es que quiera hacerme "el diferente".
Simplemente se trata de entender (yo lo entiendo, tú lo entiendes)
que todos somos diferentes.
Y lo bonito está en disfrutar de tu propia diferencia.

Nunca he hecho todo (o casi todo) lo que hace el resto.
Nunca me ha gustado la música (o casi toda la música) de la que gusta el resto.

Porque por este lado del planeta, estamos un poquito malacostumbrados a sobrevalorar lo que se pone de moda. En lengua extranjera, mejor.

Yo no sé inglés. No sé francés. Me peleo con el alemán.
Me enamora el portugués, me derrito con el catalán.

Y las canciones y cantantes en dichos idiomas que me han llegado a gustar,
han pasado por un exhaustivo proceso de traducción. Porque sino, ¿cuál es la gracia?

Yo no me vuelvo loco por la música "de moda".
Una fiesta. La bailo. Un trago. La gozo.
Más nada.

En mi familia siempre me han dicho medio en broma, medio en serio:
"tú y tu música de viejos"
Yo y mis boleros, yo y mis baladitas anticuchas, yo y mi folklore.
Yo y mi música en español.
Yo y la música.

Hoy resulta que todos hablan de él.
Que era un tipo "groso", que era un tipo con ideales, que hemos perdido a un señor trovador.
Hoy resulta que ya no está.
Hoy recuerdo cuando tenía diez u once años, y escuchaba la primera canción de un disco.
Y con diez años mi raciocinio no me permitía entender el trasfondo de ciertas frases.
De ciertas letras
Pero me conectaba porque algo me decía que yo era así. Que yo iba a ser así.
Yo no sería de aquí, ni de allá. Yo no tendría edad, y hoy no tengo porvenir. ¡Cuánta razón!
Y cuando con 16 años el discman de muchos hacía girar canciones de millón de dolares,
yo estaba encerrado en mi cuarto escuchando sus monólogos, sus temas a solo de guitarra, sus canciones de un centavo. Sus canciones invaluables.
Porque hay cosas que no tienen precio.

Es muy raro que me afecte la muerte de alguien. Si era famoso menos.
Pero hoy me ha dolido en el alma como sólo puede doler que se vaya alguien tan grande.
No era la forma, no era el momento.
No era lo justo.

Si existe cielo, o, como muchos dicen, vida después de ésta,
valdría la pena morir sólo para volverlo a oír.
No eres el único culpable Cabral, pero tienes parte del mérito de que me guste tanto esta payasada que llamamos vida.
Esa que tanto te gustaba, esa que obligabas disfrutar. Esa que hoy te han obligado abandonar.


"Nacemos para vivir, por eso el capital más importante que tenemos es el tiempo, es tan corto nuestro paso por este planeta que es una pésima idea no gozar cada paso y cada instante, con el favor de una mente que no tiene límites y con un corazón que puede amar mucho más de lo que suponemos".

Facundo cabral


Hasta siempre maestro.
Qué bonito sería que el mundo estuviera hoy tan tranquilo como cuando naciste vos.
Qué bonito sería.


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