sábado, 9 de julio de 2011

"Querida, yo no me voy, tú eres la que se queda"


Siempre he sido (a ojos del resto) un chico bastante raro.
Porque no me gusta hacer lo que hace el resto.
Porque no me gusta pensar como piensa el resto.
Porque no me gusta vivir como cree que se vive... el resto.

Y no es que quiera hacerme "el diferente".
Simplemente se trata de entender (yo lo entiendo, tú lo entiendes)
que todos somos diferentes.
Y lo bonito está en disfrutar de tu propia diferencia.

Nunca he hecho todo (o casi todo) lo que hace el resto.
Nunca me ha gustado la música (o casi toda la música) de la que gusta el resto.

Porque por este lado del planeta, estamos un poquito malacostumbrados a sobrevalorar lo que se pone de moda. En lengua extranjera, mejor.

Yo no sé inglés. No sé francés. Me peleo con el alemán.
Me enamora el portugués, me derrito con el catalán.

Y las canciones y cantantes en dichos idiomas que me han llegado a gustar,
han pasado por un exhaustivo proceso de traducción. Porque sino, ¿cuál es la gracia?

Yo no me vuelvo loco por la música "de moda".
Una fiesta. La bailo. Un trago. La gozo.
Más nada.

En mi familia siempre me han dicho medio en broma, medio en serio:
"tú y tu música de viejos"
Yo y mis boleros, yo y mis baladitas anticuchas, yo y mi folklore.
Yo y mi música en español.
Yo y la música.

Hoy resulta que todos hablan de él.
Que era un tipo "groso", que era un tipo con ideales, que hemos perdido a un señor trovador.
Hoy resulta que ya no está.
Hoy recuerdo cuando tenía diez u once años, y escuchaba la primera canción de un disco.
Y con diez años mi raciocinio no me permitía entender el trasfondo de ciertas frases.
De ciertas letras
Pero me conectaba porque algo me decía que yo era así. Que yo iba a ser así.
Yo no sería de aquí, ni de allá. Yo no tendría edad, y hoy no tengo porvenir. ¡Cuánta razón!
Y cuando con 16 años el discman de muchos hacía girar canciones de millón de dolares,
yo estaba encerrado en mi cuarto escuchando sus monólogos, sus temas a solo de guitarra, sus canciones de un centavo. Sus canciones invaluables.
Porque hay cosas que no tienen precio.

Es muy raro que me afecte la muerte de alguien. Si era famoso menos.
Pero hoy me ha dolido en el alma como sólo puede doler que se vaya alguien tan grande.
No era la forma, no era el momento.
No era lo justo.

Si existe cielo, o, como muchos dicen, vida después de ésta,
valdría la pena morir sólo para volverlo a oír.
No eres el único culpable Cabral, pero tienes parte del mérito de que me guste tanto esta payasada que llamamos vida.
Esa que tanto te gustaba, esa que obligabas disfrutar. Esa que hoy te han obligado abandonar.


"Nacemos para vivir, por eso el capital más importante que tenemos es el tiempo, es tan corto nuestro paso por este planeta que es una pésima idea no gozar cada paso y cada instante, con el favor de una mente que no tiene límites y con un corazón que puede amar mucho más de lo que suponemos".

Facundo cabral


Hasta siempre maestro.
Qué bonito sería que el mundo estuviera hoy tan tranquilo como cuando naciste vos.
Qué bonito sería.


2 comentarios:

Elmo Nofeo dijo...

Nunca fui fan de Facundo Cabral ni de Silvio Rodriguez, lo soy de Mercedes, Piero, Serrat; pero la muerte de alguien comprometido con las causas sociales seimpre me deja una sensación pastosa en la boca y en el alma.

OKIPERU ® dijo...

Tampoco he sido un fan de Facundo, pero el post es tan bueno que vale la pena investigar.

(Bueno, el felicitarte se sobre entiende)

otras mas...

Blog Widget by LinkWithin