viernes, 31 de diciembre de 2010

Irrepetibles

Alguna vez filosofé (lo más probable es que bajo efectos de algún alucinógeno) que uno entiende realmente lo que significa vivir cuando aprende a saborear el momento. ¿Por qué andamos muy apuraditos intentando construirnos el futuro, sacándonos en cara el pasado o desperdiciando el presente marcando las dos alternativas anteriores? El truco está, digo, en llegar a sentir lo que puede pasarte en un segundo y experimentar -desafiando al factor tiempo-, el punto más alto de las sensaciones del modo más lento posible . El viento que te roza la mejilla, el parpadeo tras un cruce de miradas, la saliva atravesando la garganta, el silencio entre palabras, la zapatilla pisando un chicle, el ruido de un plato haciéndose pedazos, el humo en tu cara de un micro por la Abancay, tu hombro con caca de algún pajarito sinvergüenza.

Hay momentos y momentos, y solo atacándolos con todo lo que uno tiene para hacerles frente es como se hacen disfrutables más allá de lo bueno o malo que puedan parecernos. Porque si te pones a pensar los calificamos luego de vivirlos, ¿por qué preocuparse entonces durante los mismos y cohibirse de aflorar todo lo que el cuerpo pide inconscientemente?

El 2010, en particular, no lo he sentido tan variopinto como el 2009. Pero ha sido un año de sensaciones, porque me ha permitido experimentar (bien cachaciento Diosito) a través de momentos, lo genial que es la vida y lo tranquilo que puedes irte si la abandonas de repente. Porque no hace falta morirse para dejar de vivir. (fíjate, fíjate, fíjate)

A puertas del 2011 (que se las trae) piensa en el que consideres sea tu momento del año que te deja y analiza si lo disfrutaste como él mismo te pedía que lo disfrutases. Como él mismo te exigía que lo hicieras. Te apuesto mis chipitaps a que te llevas más de una sorpresita.

Más allá de lo personal, vamos a elegir uno a nivel general para cerrar bonito el año. De tin marin... Ok. Pongámonos en situación. 2 de julio de 2010 y en Johannesburgo, Uruguay pretendía regalarnos uno de los cuatro primeros lugares de un mundial que ya estamos acostumbradísimos a ver de lejitos alentando a alguna selección del vecindario sudamericano. Al frente, la versión corregida y aumentada de la selección de Chincha era respaldada por la población entera del continente anfitrión, y el 90 por ciento del Soccer City apoyaba a los ghaneses a vuvuzelazos tan insoportables como el Waka Waka de Shakira.

Miente aquel que diga que teniendo un televisor cerca no se asomó ni por purita curiosidad para ver que alocaba tanto la tarde de aquel viernes. Todos vimos como en el primer tiempo los del oriente ("¿está jugando el Regatas?" preguntó mi mamá) dominaron un partido que creían ganado hasta que el rival se akinkonó y les chantó el 1-0 a un pasito del vestuario. Todos vimos como Forlán, (el mejor del campeonato qué te pasa), dió el empate antes de asumir que lo íbamos perdiendo (sí, he dicho "íbamos". Miente también el que diga que no se sentía uruguasho). Todos vimos como cerraban los 90 minutos de partido con un empate imperdonable y como ajustaban el asterisco los 22 de la cancha tras cada intento fallido durante el tiempo suplementario. Todos lo vimos. Todos todísimos.

Final del segundo complementario y ninguno de los manganzones se animaba a abrir la cuenta. Los negritos sacaron el barrunto y en los últimos segundos dispararon como locos a un arco que mi causa Muslerita se mareó por defender, obligando a Suárez y Fucile pararse en medio del mismo para impedir un triunfo que todo África estaba ansioso por gritar. Un disparo, dos disparos, tres disparos, y Suárez se tomó tan en serio su papel que evitó con una mano (más evidente que corrupción en gobierno aprista) que Ghana se llevara el partido sin necesidad de penales. Claro, mano hecha, mano vista, mano cobrada y penal pa' los amigos de Guajaja. Miente también el que niegue haber dicho "ya fue", sin contar con la astucia del destino y hacer que Gyan quede como el jeropa mas grande del universo. Por un pelito nos fuimos a penales. Todos lo vimos. Todos todísimos. Pero, ¿quién nos vio a nosotros? ¿Quién vio a los tres millones de uruguayos en toda su república y a tantos miles de sus paisanos por el mundo sufrir con el vaivén de la bolita? ¿Quién los vio saltar, gritar, maldecir y enumerar palabrotas como si se tratase de la tabla del 2? ¿Quién los vio disfrutar el momento?

En la chamba, estos compadres se alistaban ya para empezar a sufrir desde los doce pasos cuando llegó la mano, la expulsión y el error africano. Así volvía el alma celeste al cuerpo.



A ver, a ver, suave con la mercadería muchachos, y ¿qué es eso de "negro puto"?, más respetito. En fin, los penales fueron cosa aparte y pasarán a la historia de los minutos que han hecho contener la pichi a millones en el mundo. Abrió Forlán, gol, se reivindicó Gyan, Victorino puso el 2-1, Appiah lo empató, Scotti puso la ventaja en 3, Muslera detuvo a Mensah e hizo estallar Montevideo y alrededores hasta que Pereira falló y dejó sin efecto el regalito. Muslerita como los grandes repitió atajada ante Adiyiah y puso todo en manos del LOCO Abreu. Abreu le sacó la lengua al planeta entero y se atrevió a "picarla" (cosa que tardé horas en entender) poniéndole fin al que fue sin duda, no sé si el mejor, pero sí el partido más emocionante de todo el mundial.

Estos chocheritas, aparentemente lejos de su país y combinados con uno que otro del que los acoge, lo vivieron a roce de infarto. Vuvuzela incluída.



Lo de aquí, resulta genial. Tres generaciones (hasta cuatro) frente a una tele disfrutando algo que queda demostrado no tiene edad. (El "Negro travesti!" del tío y el borde del llanto sobre el final del viejito de la esquina inferior izquierda, son lo mejor)




Última atajada de Muslera y gol de Abreu.



Y este es para mí, el mejor de muchísimos colgados en la Web. El audio es la narración de un periodista para una radio argentina. Y teniendo en cuenta el hambre eterna que se tienen ambos países, resulta más que extraordinario. "Perdónenme argentinos"



¿Quién dijo que el fútbol no es un sentimiento?
Yo jugándolo quedo en vergüenza y no soy un erudito en sus tecnicismos. Pero disfrutando momentos, no hay quien me gane. Si el fútbol hace cosas como estas, amén.

Este fue para mí, de lejos, el momento de 2010. ¿Y el tuyo?
Feliz 2011.

domingo, 12 de diciembre de 2010

No se intenta

¿Y si resulta una opción?
Igual al final no te darás cuenta. O no te darás cuenta del final, que no es lo mismo.
Porque llega un momento en que las circunstancias te obligan a pensar.
Y piensas. Piensas. Piensas.
Lo piensas.
Y el pensar hace que recapitules.
Y recapitulas lo bueno. Y recapitulas lo malo.
Recapitulas lo irrecapitulable.
Y entiendes que quizá has hecho todo. O quizá te falta mucho por hacer.
O todo está hecho ya, que no es lo mismo.
Y te das cuenta que si hubo una pena, tal vez le diste mas valor del que le correspondía.
O te das cuenta que igual valió la pena, que no es lo mismo.
Y te ríes. Te ríes como siempre te ríes. Porque en el fondo te sientes bien, o inconscientemente quieres dar a entender que te sientes bien.
Subrayando el inconscientemente, porque hacerlo a sabiendas de que mientes no es lo mismo.
"Bien, yo siempre estoy bien". Quizá ni tú sabes que en realidad no es así.
Porque querer hacerlo no significa querer buscar una salida.
Es entender que quizá ya es hora de salir, que no es lo mismo.
No se trata de abandonar la fiesta porque está en un mal momento o porque llegó un punto en que ya no encajabas en ella.
Se trata de irse en lo mejor de la fiesta, para que nadie te quite lo bailado y los demás sigan bailando sin notar que te fuiste. Es entender que aunque te digan que aún queda mucho por bailar, tú ya bailaste lo suficiente. Y sabes que lo bailaste bien.

Y ese suficiente basta, y te olvidas cuando siempre repetías que querías más de todo.
Más y más. Siempre más.
Y te sorprendes comprobando que ya no tienes ganas de pedirlo.
O quizá lo que ya no tienes son fuerzas para hacerlo, que no es lo mismo.
Y ves que esa rareza que se te sacaba en cara, se manifiesta también en cosas como esta.
Porque te vas feliz. Y aunque en el fondo quizá no sea así, no importa, porque nunca te diste cuenta de ello.
Te vas feliz.

Sin despedirse, sin pedir permiso, sin detenerse.
Con lo pensado. Con lo recapitulado.
Sin la pena. Con la sonrisa. Sin dudas.
Porque se hace o no se hace... pero no se intenta.

¿Y si resulta una decisión?



"¿Esto es el final? Y si es así, decid ¿me vais a extrañar?
Ah, veo que asentís. Pero yo sé que no"
"El hombre que casi conoció a Michi Panero", Nacho Vegas.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Para inocentes... ¡yo!

- Y dale, ¡que no voy a tener hijos!. Es más, si por mi fuera me las arreglaría para eliminar los vínculos que te unen a los sobrinos, ese absurdo eufemismo de descendencia.

- ¿Ah?

-Olvídalo.

-Bueno a lo que iba, ya pues, hace falta una niñita en la familia, ¿no crees que sería lindo?

-¡Pues haberla tenido tú!, aunque de todos modos intuyo que conmigo se te pasó uno que otro antojito de pollo. ¿No te basta eso?

-¿Ah?

-Olvídalo también.

-Pero Ginnito, los niños traen alegría, te compensan todas las cosas a las que renuncias por cuidarlos, y lo mejor de todo, te ves reflejado en ellos.

-¿O sea que ustedes se ven reflejados en mí? Ay madre, lo tuyo hay que hacerlo ver por un profesional ah. Además claro, tú recuerdas las alegrías pero yo recuerdo más las veces que me negaste permisos, que me apagaste cigarrillos, me vestías igual que mis hermanos, me apurabas mientras cambiaba mis figuritas repetidas, me empanzabas de quaker para estar sanito y me escondías los G.I.Joes hasta que terminara la tarea. Así que de compensar nada, yo no voy a criar engendros para que acumulen rencor y lo materialicen enviándome a un asilo cuando mi próstata pida chepa y mi vejiga se haga chochera de los pañales.

-¿Vas a mandarme a un asilo?

-¿Yo? Pero madrecita mía de mi cucharón de melón. ¡Cómo dices eso!... pero yo que tú iría haciendo la maleta porsiacasito.

-Pobre y triste cojudo.

-Tú siempre tan linda.

-Bueno, no me cambies el tema. No sé como haces pero quiero un nieto. ¡He dicho!, Eso sí, nada de abuelita, yo soy la tía Lu.

-¿Pero es que no se me entiende? ¿O es que necesitas ya esos aparatitos para escuchar mejor? ¿Has leído alguna vez uno que otro post de este pechito que salió de tu barriga?
¡Hijos no! ¡Never in the life! ¡Naca la pirinaca! Digo yo que alguna ventaja le sacaré a eso de andar coqueteando con la otra acera no? Deja que el único motivo que tenga para encapuchar a mi amiguito de más abajo sea el de prevenir enfermedades.

-Ay, que estrés contigo. Algún día te arrepentirás cuando te veas viejo y solo.

-¿Arrepentirme? Agradecido y meciéndome de lo lindo es como voy a estar, con un puro en la boca y una enfermera manoseándome mientras escucho hits de reggaeton que en 60 años será el noventa por ciento de la programación de radio Felicidad. Y lo que es mejor viejita, con mis ahorros en el banco muriéndose de la risa por no haber sido malgastados en los caprichos y equivocaciones de una prole.

-Hijo, con esa mentalidad te vas a quedar solo de verdad.

-¡Bingo! ¿Ves como en el fondo la captaste desde un inicio? Lo que pasa es que disfrutas haciéndome renegar. Lo ves, hasta en eso se invierten los papeles de padres e hijos, yo jodía de chico, ahora tú me jodes de vieja.

-Vuelves a decirme vieja y esta casa va para los niños pobres ¿Estamos claros?

-Sí mami.

-En fin, me quedaré con las ganas entonces, a esperar que tus hermanos se animen. Hace falta un poco de inocencia en la familia.

-¿Ino... qué? Jajaja, ay se me sale la pichi. No, mana no. En estos tiempos los mocosos son mas pendejos que uno. Mientras tú estás de ida ellos ya reemplazaron en el diccionario "felicidad" por "orgasmos" y los nuevos parques de diversiones son los hoteles (gritas más y te cobran lo mismo). Así que de inocentes nada, que ahora los niños nacen con manual porque si no, no hay quien los entienda. ¿Ah no me crees? A ver, saca tus gafas de cerca que te voy a enseñar algo bien bonito:



-Y, ¿cómo te quedó el ojal? ¡¿Cómo que son tiernos?! Ay ma' no seas ingenua. Este programa es de la década pasada, o sea que a día de hoy este par debe andar con las hormonas bailando lambada; Leandro fácil la está rompiendo en más de un boliche de ambiente y el celular de Sol lo debe tener medio Buenos Aires. Que el mundo cambia madre, y en los chiquitines es donde se nota más rápido.

Ahora eso sí, lo que no sé si ha cambiado para bien o para mal, son los padres argentinos oye. Ve tú a saber lo que le contarán a sus crías para que nos salgan con semejante repertorio:



Ché, ¿es una joda pa' Tinelli?

otras mas...

Blog Widget by LinkWithin