domingo, 28 de noviembre de 2010

Sábados y domingos de 8 a 12


Aún recuerdo aquel sábado de setiembre de 1990, cuando junto a mis dos hermanos nos metimos a la cama de mis papás para ver el programa de estreno. Apenas iba yo por la mitad de década y el uso de razón recién empezaba a asentarse. Pero esa mañana la recuerdo bien. El haber planificado el despertar a las 8, el frío que nos obligó a estrujar con fuerza el edredón de Hogar, el Sony de 14 pulgadas con caja de madera (de los primeros con control remoto), y lo enorme que me parecía todo aquello.

Hoy, no suelo ver televisión con mis hermanos, hace años que no "me meto" en la cama de mis padres, no acostumbro despertarme ni de broma a las 8 (mucho menos un sábado), el frío es mil veces mas fuerte que el de entonces (y Hogar ya no existe), aquel televisor sigue funcionando, y toda la casa me parece pequeñísima.

Será por todo eso (y más), que cuando hace un par de semanas saltaba como loco en Chorrillos (con cero arrepentimiento por preferir estar ahí que con Fergie y sus compinches), no era sólo por celebrar uno de los mejores programas que haya parido nuestra tan venida a menos tele nacional. Se trataba de celebrar una época, o mejor dicho, el comienzo de una.

***

Hace unas semanas también, alguien me dijo que yo era demasiado joven para sentirme de la década pasada, que callara mi hocico y empezara a recordar del aserejé para arriba, porque era matemáticamente imposible que yo pudiera sentirme parte de aquella generación. Bueno, quizá este pechito, (que agradece el que indirectamente le hayan dicho jovenzuelo) tenía los sentidos mas abiertos que otros, porque entonces debo confesar que yo tampoco lo entiendo.

El caso es que las dalinas y su manchita marcaron mi infancia, y agradezco haberlas visto con menos de diez calendarios porque así me tragaba enterita toda la payasada. Yo miraba al cielo para ver cual podía ser la nube, yo juraba que dentro del cono venían cosas mucho mas interesantes que tico-tico, boliqueso y coronitas, yo esperaba hasta que la Gomelsky y la Santa María cantaran eso de la leche para sentarme a desayunar, yo detestaba a Ricky Martin y al manganzón de Guillermo Dávila porque no entendía como hacían para estar (según yo) siempre arriba, yo pedía mi helado de frambuesa los fines de semana, yo creía que el primer amor no tiene edad, yo era mas feliz que nunca como un huracán... yo de verdad quería ser astronauta y a las estrellas llegar.

Los años pasan y pesan, y las cosas ya no se ven como antes. Quien escribe estas líneas gritaba a viva voz aquella canción de La Naturaleza y hoy disfruto gritando un ¡ole! ante una buena faena; pedía un minuto por lo menos de tiempo a mis viejos y hoy son ellos a quienes les gustaría pasar mas tiempo con nosotros; levantaba mi dedito acusador para hacer notar que cuando me daban un beso no podía respirar y hoy muero por ese vicio que ellos lograron dejar pero que yo no pude evitar heredar. Pero nada quita que en su momento me creía cada frase y el que sería una mejor persona por adoptarlas como filosofía infantil. Hay gente que no entiende lo que realmente significó. Hay gente que no comprende que es más que ver ahora a Marco Zunino evidenciando sus incontenibles deseos de ser dalina. Hay gente que no entiende que realmente significó más que ocho horas semanales de negocio televisivo. Hay gente que no entiende que Nubeluz fue mucho más que el morbo por la historia roja de un suicidio. Hay gente que debería cerrar la boca.

***

Estaba revisando los periódicos de la semana y me topé con una columna de Alonso Alegría, con quien curiosamente casi nunca estoy de acuerdo y a quien suelo mandar mentalmente al carajo de vez en cuando. Pero ésta, pese a la simpleza de su redacción, me tocó, no sé por qué, e hizo que agradeciera que hace veinte años a él y a unos cuantos se les prendiera el foco e inventaran aquel mundillo paralelo que encandiló a todo un continente.

A mí siempre me ha temblado el esqueleto con eso de "prohibida la reproducción total o parcial...", pero espero que don Alonsito no se me achore por el atrevimiento.


Yo Tengo la magia, yo tengo el poder
Por: Alonso Alegría

Saliendo de ver, por segunda vez consecutiva, el espectáculo musical Grántico, pálmani, zum, me preguntaba yo si acaso dirigir el equipo de creación de Nubeluz no habrá sido lo más importante que he hecho en mi vida -en mi vida hasta ahora, me refiero-. Y si producir este programa, con el inmenso esfuerzo y riesgo que significó aquello en ese momento, no habrá sido lo más importante que ha hecho nunca la televisión peruana -hasta ahora, claro-.

Pensaba en esto mirándoles las caras a los cientos de chicos y chicas, todos de alrededor treinta años, que cantaban y bailaban al unísono, junto con las dalinas, cíndelas y gólmodis de allá arriba en el escenario. Pensaba yo en los primeros días y años de esas bellas canciones de Coco Tafur, cantadas mientras el Perú parecía estar cayéndose a pedazos.

Me imaginé a esa adulta infancia que me rodeaba recibiendo semanalmente su dosis de autoestima y amor -dentro del odioso clima de entonces, y también de seguridad- en la inseguridad total de entonces. "Yo tengo la magia, yo tengo el poder", cantaba esa infancia ahora adulta, escapándose a una nube donde todo era seguro, bello y benigno.

Una muy agradable e inteligente joven de un país vecino, me ha contado que ella, de chica, miraba todas las nubes con detenimiento para identificar la nube de Nubeluz. Y que esas dalinas y esas canciones la salvaron del suicidio y le compusieron la vida. Fuerte, muy fuerte idea la de haber creado algo con tamaño poder.

De ahí hay solo un paso a atreverse a pensar que en algo contribuyó Nubeluz a la formación personal de este público que ahora salta y canta con los ojos embelesados y luminosos, estos chicos criados con la convicción de que fumar era malo y el deporte bueno, que leer era bueno y beber era malo, y que para defenderse de los acosos del mundo no necesitaban una espada poderosa ni un escudo de neón, ni una luz maravillosa ni tampoco rayos luminosos que los llevarán hacia el sol. No necesitaban nada más que su valor.

¿Nubeluz hizo alguna diferencia? Yo quiero pensar que sí.



*Texto extraído de la columna del jueves 18 de noviembre de 2010 de Perú21

9 comentarios:

Elmo Nofeo dijo...

No estoy en condiciones de valorar imparcialmente a Nubeluz (con las dalinas es otro tema), en mi modesta opinión Yola Polastri es insuperable.

mundobipolar dijo...

seamos sinceros... yo jamás fui fanática de NUbeluz, sé que si Yola no hubiera existido en esa época, quiza hubiera tenido más tiempo para dedicarles a las dalinas, pero no, soy fiel seguidora de la gran Yola. Aun así... Nubeluz también forma parte de las pocas cosas buenas hechas en nuestra tv... forma parte de esa época de terror y coches bomba, forma parte de lo poco que nos ayudaba a permanecer con esperanza, por lo menos nos distraia más... Fue genial cantar esas canciones que pensé que no sabia y resulta que me las sabia todas, incluso los pasitos de baile... Genial, muy genial... si todos recordaramos con tanto amor nuestra infancia, nuestro pasado... somos pocos no? :)

Gary Rivera dijo...

Nubeluz es a los de tu generacion lo mismo que Yola para la nuestra. Creo que es injusto compararlas, son dos cosas diferentes.

sin embargo recuerdo bien a las dalinas, lastima lo de la dalina chiquita, cuando se mato ella hirio gravemente a Nubeluz tambien.

Munani dijo...

Yo tengo 20 años, por lo cual soy más de la época de "Karina y Timoteo", pero tengo pequeños recuerdos de mi infancia en los que canciones como "papi deja de fumar" o "yo quiero ser" inspiraban de una forma inaudita. Eran alegres , divertidas y te adoctrinaban a seguir una conducta sana en una edad donde lo que uno aprende se queda para toda la vida, la niñez.

Estoy seguro que va a haber cambios muy rádicales con la nueva generación que aprende de dibujos, videojuegos y messenger, no necesariamente malos pero sí con la ausencia de un mundo mágico que agradezco tuve algo de conciencia para llevarlo conmigo siempre.

Estefado dijo...

jajaja me encanto!

Caƒeιnomana® dijo...

Una lastima no haber ido, hubiera sacado bellos recuerdos.

Pandex dijo...

En su momento disfruté mucho con las canciones de Nubeluz, temas como los que ya no hay con un fondo muy bonito y educativo. Ahora, valgan verdades, no pagaría para ir a verlos de nuevo. Me gusta recordarlos como cuando los veía en vivo y en directo a través de la pantalla de televisión.

Saludos

† David der Nacht † dijo...

T_T

Justo hoy pasaron el caso de Mónica Santa María en "Detrás del Crimen"

A mi gustan más las canciones de Nube Luz que las de la tía Yola.

Muy buen post, nubecino

t2o dijo...

Tengo 19 y recuerdo vagamente algo de nubeluz.. pero debe ser que en esas épocas todo era más sano (aparentemente, claro)y ahora todo se ve tan "apirañado" .. me gusta tu prosa, me entretuve.
paz. atte. schietto

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