jueves, 15 de octubre de 2009

¿Mi plato favorito?


Hoy me han invitado a almorzar. Estoy entre emocionado y sorprendido, no suelen pagar mi alimentación muy a menudo. No se, quizás y la gente que tiene a bien hacerlo obedece a un llamado de lástima por mi aparente estado de desnutrición. Pues de ser así, permítanme aclarar la situación: yo no como…yo trago.

Mi calavérica humanidad haría suponer que mi familia me tiene abandonado, nada mas lejano a la realidad. Las horas de almuerzo y cena son para mí horas sagradas. El festín gastronómico mas grande (y lo que es mejor, diario), en mi opinión se vive solo en mi casa.

A mi las ollas de barro de Don Pedrito me importan tres pepinos, las mil versiones de tallarines de Javier Ampuero me resbalan y los cuchumil restaurantes de Gastón Acurio me llegan al champiñón. Para mi, no hay manos mas prodigiosas en lo que a cocina se refiere que las de cierta señora cincuentona a quien suelo llamar mamá.

Su sazón la considero inigualable, tanto así, que a mi lengua le resulta ciertamente incómodo probar otra comida que no sea la suya, por mas cariño con la que esta sea brindada. Es que comer lo preparado por mi progenitora no es solo saborear una simple mezcla de medio Wong y Vivanda, sino es traer a la mente con cada masticada un pedacito de recuerdo de lo que llevo de existencia.

Cuando éramos niños y obedecíamos a aquel instinto infantil tan natural de querer comer únicamente lo que a nosotros nos gusta, mi madre se las ingeniaba para que lográsemos terminar todo hasta desear lamer el plato. Recuerdo como se demoraba de 15 a 20 minutos en montar caritas felices con las ensaladas, armar mi nombre con arverjitas y dibujar popeyes con las espincas. Su particular método hizo que amara las verduras por encima de los chocolates y los chupetines y que el comerlas no suponiera un trauma.

Decir que tengo uno preferido sería mentir. Todo aquel plato que sea preparado por mi madre resulta mas que un manjar y al comerlos, disfruto mas imaginando que probablemente sea la última vez que pueda hacerlo. ai lofiu vieja.



ganas de querer hacer una composición "tipo primaria". Por alguna extraña razón, de niños solíamos meter a nuestras madres en todo lo que escribíamos. Vaya tiempos!

6 comentarios:

Maxito dijo...

Pues yo tambiñen creo que no hay comida como la de mi vieja. :)

Saludos Ginnow, saludos!

Ginno dijo...

jajaja...tan ricowww

Carlos Alberto Zaga Tercero dijo...

Bueno en mi caso... más que la comida de mi vieja "Doña Seco", es la comida de mi abuela chinchana: esa sopa seca con carapulcra es algo que no he probado en ningún otro lado; palabra!

Santiago dijo...

jojojo... mi madre también cocina delicioso! ni dudarlo! Pro recuerdo que habia comidas q x más ricas q sean, siempre las odié (locro) y me hacia el dormido...y x las puras... me levantaba media hora más tarde para seguir comiendo...tmr.... q buenos tiempos! xD jaja

Cuidate.

*Pucho* dijo...

Comida...comida...comida....tengo q probar la de tu mami...mi mami cocina rico...cuando kiere! jaja!

pasaba para saludarte...hola =)
ya me voy.
chau

PD. tE acuerdas del chifita? jaja! me acorde =P

Juanca dijo...

Mi madre casi no tiene tiempo para cocinar, pero las mínimas veces q lo hace, es inevitable gozar al probar esos platos hechos con tanto cariño

otras mas...

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